Bizkaia necesita convertir la digitalización en una ventaja competitiva real. El debate ya no consiste en “tener una web” o en incorporar herramientas por una cuestión de imagen. Hoy hablamos de productividad, de márgenes, de tiempos de respuesta, de capacidad para vender mejor y de no perder posiciones en mercados cada vez más exigentes.

La Comisión Europea lo resumió con claridad en su informe de 2025: España cuenta con una infraestructura digital más avanzada que la media de la Unión Europea, pero sigue rezagada en la digitalización de las empresas, especialmente de las pymes. Al mismo tiempo, el propio informe sitúa al País Vasco entre las regiones españolas con mejor desempeño innovador. La conclusión es evidente: Bizkaia parte de una base sólida, pero ya no le basta con estar bien posicionada; necesita acelerar.
Y no hablamos de un territorio menor. Según Eustat, Bizkaia concentra 73.581 empresas con sede en Euskadi, lo que representa el 52% del total, y reúne también al 50% de las personas empleadas de la comunidad. Además, en 2025 el empleo en el sector de Información y Comunicaciones creció un 3,3% en el territorio. Es decir, cuando Bizkaia se mueve, impulsa una parte decisiva de la economía vasca. Por eso, la digitalización no es solo un asunto interno de cada empresa: es una cuestión de competitividad territorial.
De hecho, el problema ya no es la falta de conectividad. En 2024, la cobertura FTTP en España alcanzó el 94,87%, muy por encima de la media de la UE, situada en el 69,24%. En Euskadi, más del 90% de las empresas tiene acceso a Internet y, entre las que cuentan con 10 o más personas empleadas, el porcentaje se aproxima al 100%. Además, entre las empresas conectadas, la banda ancha fija ronda el 95%. Dicho de otro modo: la infraestructura existe. La excusa tecnológica pesa cada vez menos. La diferencia competitiva ya no estará en tener conexión, sino en saber aprovecharla.
Los datos de negocio también desmontan la idea de que digitalizarse es una cuestión secundaria. En 2024, las ventas por comercio electrónico en la C.A. de Euskadi alcanzaron los 33.081,6 millones de euros, un 10,2% más que el año anterior. Bizkaia aportó 12.751,9 millones, el 38,5% del total vasco. Entre los establecimientos de 10 o más personas empleadas, el 40,4% ya realiza comercio electrónico. No estamos ante una tendencia futurista, sino ante mercado real, ingresos reales y competencia real.
La cuestión de fondo es otra: cuántas empresas están utilizando lo digital para transformar de verdad su modelo de negocio. Ahí aparece el principal cuello de botella. En Euskadi, el uso de inteligencia artificial alcanza al 17,4% de las empresas de 10 o más personas empleadas en 2025. A escala estatal, el 21,1% de las empresas utiliza IA, el 44,3% adquiere servicios de cloud computing y el 41,4% realiza analítica de datos con personal propio. La fotografía es clara: se ha avanzado, sí, pero la adopción de tecnologías con impacto directo en la toma de decisiones, la eficiencia y la escalabilidad sigue lejos de ser mayoritaria.
Ahí es donde Bizkaia se juega su ventaja. Porque una empresa que digitaliza bien no solo moderniza su imagen: calcula mejor sus costes, detecta antes los cambios en la demanda, automatiza tareas repetitivas, reduce errores, responde con mayor rapidez al cliente y genera información útil para decidir. En un territorio con un peso relevante de la industria, la logística, el comercio y los servicios avanzados, eso significa competir con algo más que esfuerzo: competir con inteligencia operativa. Y hoy esa inteligencia ya no se improvisa; se construye con datos, procesos conectados y tecnología integrada en el día a día.
Los datos muestran, además, que el ecosistema parte de una posición favorable en innovación y conectividad. Precisamente por eso, el riesgo no es quedarse desconectados, sino conformarse con una digitalización superficial.
La ventaja competitiva de los próximos años no dependerá solo de fabricar bien, atender bien o contar con una marca solvente. Dependerá de hacer todo eso con más velocidad, más trazabilidad y mayor capacidad de adaptación que la competencia. Y esa partida ya ha comenzado. Bizkaia tiene el tejido empresarial, el peso económico y las condiciones de partida para jugarla bien. A estas alturas, la pregunta ya no es si debe digitalizarse. La pregunta es cuánto negocio está dispuesta a perder quien decida no hacerlo.

