En Bizkaia, hablar de pymes es hablar de casi todo el tejido productivo. No es un matiz: las pequeñas y medianas empresas representan el 96% del entramado empresarial del territorio. Por eso, cuando se debate sobre inteligencia artificial, no estamos hablando de una moda tecnológica reservada a multinacionales o laboratorios de innovación. Estamos hablando, en realidad, del futuro de la economía vizcaína.
Durante demasiado tiempo, la conversación sobre IA se ha contaminado por dos exageraciones opuestas: quienes la presentan como una amenaza inevitable para el empleo y quienes la venden como una varita mágica que resolverá cualquier problema empresarial. La verdad está en un punto mucho más útil. La inteligencia artificial no va a sustituir el oficio, la experiencia ni la cercanía que distinguen a muchas pymes de Bizkaia; va a permitir que ese valor llegue más lejos, más rápido y con menos costes. Y eso, en un contexto de competencia global, ya es crecer.
Además, Bizkaia no parte de cero. Un estudio de la Diputación y la Cámara de Comercio de Bilbao señala que el 92,3% de las empresas del territorio ya utiliza al menos una tecnología digital y que el 46,1% ha alcanzado un estadio avanzado de madurez tecnológica. En ese mismo informe, la adopción de IA pasa del 16,6% en 2024 al 37,1% en 2025, y el 33,5% de las empresas afirma que prevé invertir en esta tecnología. No parece el retrato de un tejido productivo paralizado; parece, más bien, el de un territorio que ha entendido que la siguiente batalla de la competitividad se librará en la productividad y en la capacidad de tomar mejores decisiones.
La gran virtud de la IA para una pyme no es hacer cosas espectaculares, sino democratizar capacidades que antes solo estaban al alcance de las grandes compañías. Una empresa pequeña puede hoy automatizar tareas administrativas, resumir contratos, preparar propuestas comerciales, anticipar roturas de stock, traducir catálogos para vender fuera, mejorar su atención al cliente o analizar datos de ventas sin tener que montar un departamento entero de analítica. En otras palabras, la IA permite que una pyme funcione con la agilidad de una empresa pequeña y con parte de la potencia de una grande. Ese salto, en un territorio tan industrial, exportador y especializado como Bizkaia, puede ser decisivo.
Se suele decir que las pymes necesitan tamaño para crecer. Es verdad, pero no toda escala se consigue contratando más gente o abriendo más sedes. También se crece cuando una plantilla pequeña puede producir más valor con el mismo tiempo. Ahí está la oportunidad real. La IA puede ayudar a una empresa industrial a mejorar el mantenimiento predictivo, a una firma de servicios a responder con mayor rapidez y precisión, a una pyme comercial a personalizar su oferta y a una empresa exportadora a abrir mercado sin disparar sus costes de estructura. No sustituye la estrategia, pero la multiplica.
Los propios datos del territorio apuntan en esa dirección. Según el Barómetro Empresarial de Bizkaia, el 48% de las empresas prevé aumentar sus ventas; el 61% realizó inversiones en 2024, el 60% impulsó proyectos de innovación y el 33% desarrolló acciones de internacionalización. Entre las compañías innovadoras, un 40% ya ha incorporado inteligencia artificial. El mensaje es claro: las empresas que quieren vender más, innovar más y salir más fuera están empezando a ver la IA no como un adorno, sino como una herramienta de negocio.
Ahora bien, conviene evitar el triunfalismo. La IA no hará crecer a las pymes de Bizkaia por el mero hecho de comprar licencias o abrir un chatbot. Para que funcione, hacen falta datos ordenados, objetivos claros y, sobre todo, personas formadas. El mismo estudio sobre digitalización indica que el 41,8% de las empresas demanda asesoramiento técnico para definir iniciativas tecnológicas y que solo el 39,5% dice tener facilidad para encontrar talento tecnológico. Ese es el verdadero cuello de botella: no la falta de interés, sino la dificultad para convertir la intención en proyectos útiles y rentables.
Por eso, la política económica también importa. Bizkaia dispone ya de instrumentos que van en la buena dirección. La Diputación Foral ha dotado con 3,97 millones de euros el programa Transición Digital 2025, dirigido a empresas de 5 a 250 personas empleadas, y el ecosistema vasco cuenta con BAIC como espacio público-privado para impulsar la adopción de la IA, ofrecer formación y difundir casos de uso aplicados. Ese acompañamiento es fundamental, porque una pyme no necesita que le hablen de la IA en abstracto: necesita saber cómo ahorrar tiempo en compras, cómo mejorar su producción, cómo vender mejor o cómo internacionalizarse con menos riesgo.
El error sería plantear esta transformación como una carrera para parecer modernos. La cuestión no es que Bizkaia tenga más empresas usando inteligencia artificial por una foto de innovación. La cuestión es que tenga más empresas ganando margen, reteniendo talento, exportando mejor, reduciendo tareas improductivas y tomando decisiones más inteligentes. Ahí está el crecimiento de verdad.
La inteligencia artificial puede convertirse en la mejor aliada de las pymes de Bizkaia precisamente porque encaja con sus necesidades reales: hacer más con menos, competir mejor sin perder identidad y crecer sin renunciar a la especialización que ya las hace valiosas. No será una solución automática, ni inmediata, ni homogénea. Pero sí puede ser la palanca que permita a muchas pequeñas empresas dar un salto de escala sin dejar de ser lo que son. Y en un territorio donde casi toda la economía pasa por ellas, apostar por esa palanca no es solo una decisión tecnológica. Es una estrategia de país.

